Alimentación en el Yôga

Hay hábitos alimentarios que solo consiguen dañar nuestra salud como la costumbre popularizada que es tomar café con leche que es extremadamente ácido, mucho más que si estos dos líquidos por separado, aumentan el ácido clorhídrico del estómago haciendo que el grado de acidez aumente considerablemente. Otra combinación imposible de compatibilizar para la buena salud es juntar tomate con lechuga, uno alcalino y otro ácido, una fruta y un vegetal que también altera los ácidos gástricos.

El consumo de carnes rojas solo aporta toxinas al organismo por los conservantes que ésta posee, con el nitrato de sodio y nitrito de sodio, todos ellos considerados por la O.M.S. como cancerígenos por excelencia.

Debemos aprender a alimentarnos de forma adecuada para dejar de formar fila en los centros médicos y valorar mucho más la salud. Utilizar la alimentación adecuada como parte de los métodos de prevención de las enfermedades.

Alimentación apropiada para practicantes de Yôga

Como todas las actividades, sean disciplinas técnicas de algún deporte en especial, de una danza, de un trabajo físico determinado, de un ejercicio de desgaste intelectual o aun el ocio creativo o aquel ocio inoperante, vacío e infértil, todos y cada uno de los momentos de utilización de combustible energético (llámese comestibles) necesitan de una selección de alimentos muy particulares para cada caso.

Aquí nos ocupa el tema del Yôga en pareja, que no es diferente del Yôga individual. Por tratarse de una filosofía de vida haremos de nuestro cuerpo un lugar sagrado que cuidaremos como lo más preciado que poseemos. Por ello nos alimentaremos de manera adecuada para el desenvolvimiento que efectuaremos.

El alimento es elegido desde un conocimiento cabal del funcionamiento del cuerpo humano. Las necesidades del cuerpo son elementales en calidad y cantidad muy bien atendidas.

Debemos tener en cuenta las vitaminas, los minerales, los hidratos de carbono, los lípidos, aminoácidos y las proteínas. Y la función de las cuatro circulaciones, la arterial, la venosa, la linfática y la energética. Si contáramos con la alimentación apropiada y no tuviéramos las circulaciones activas y en buen funcionamiento, la salud no sería plena, lo mismo sucede a la inversa.

Si nuestra sangre circula debidamente y no trasporta la cantidad de elementos básicos, sobrevendrán anomalías y si las circulaciones transportan toxinas o cantidades insuficientes de elementos básicos, también habrá anomalías.

Entendemos que se tiene que dar la regla basal de que debemos cubrir los dieciséis elementos fundamentales y las cuatro circulaciones deben estar en buenas condiciones. Sabemos que la estructura celular de todo fluido requiere de ciertas sustancias para formar un tejido y ese tejido un órgano y ese órgano necesita para formar un sistema y ese sistema va a funcionar correctamente si tiene los elementos fundamentales para su renovación permanente de células que lo integran y así todo nuestro cuerpo es una indeterminada e inacabable concesión de células que nacen y mueren indefinidamente para mantenernos existentes durante un determinado periodo de tiempo en el plano de materia densa.

Sabemos que nuestro planeta está constitutito por un 70% de agua y un 30% restante de materia sólida, tierra, minerales. En la misma proporción está formado nuestro cuerpo y por ende nuestra alimentación tiene que ser igual, tenemos que consumir alimentos que contengan agua como frutas y verduras, logrando así el 70% constante y el resto, sustancias como frutos secos, semillas, etc. que aportan el resto de los elementos que requiere nuestro organismo para su buen funcionamiento y así podemos preservar la salud porque estaremos obedeciendo a la naturaleza. Con la aplicación del sentido común en el momento de elegir los alimentos estaremos conservando un buen nivel de salud física, mental y emocional.

En esta época , que es la era del consumismo y que el mercado nos da la posibilidad de elegir distintas calidades de alimentos, descubrimos que no nos respetamos, que no nos queremos, es sorprendente ver que hay personas que le piden al mecánico de su coche que le ponga el mejor aceite, en la gasolinera el mejor combustible y sin embargo en la tienda de alimentación buscan para su consumo el aceite más económico, sin pensar que la maquinaria de su cuerpo es más importante y que no hay repuestos de reemplazo, ya que son piezas únicas y que es lo más preciado que posee.

Todo esto lleva a esta tendencia cultural de hablar de enfermedades, de consumir medicamentos indiscriminadamente para contrarrestar los efectos de las enfermedades que nosotros mismos nos generamos en vez de aprender a cuidar, a valorar y a darle la importancia que tiene y que se merece nuestro cuerpo en todos sus planos.

El practicante de Yôga sabe que vive una filosofía de vida, no una dogmática estructural comportamental obligada o condicionada por un grupo, secta, egrégora y por ello ha elegido por convicción una modalidad de vida que lo hace sentir libre, consciente de su salud, consciente de su voluntad, consciente de su individualidad, consciente de su proceso volitivo, de la determinación de lograr el anhelo o ambición más pretencioso del ser, que es conocerse a sí mismo y establecer el pleno nexo con la inteligencia superior. A todo esto entiende lo importante que es evitar alimentos, situaciones, condiciones, bebidas, fármacos, sentimientos, pensamientos que puedan atrasar o entorpecer el camino ascendente hacia la evolución.

Si tenemos en cuenta el axioma de que Yôga es: cualquier metodología estrictamente práctica que conduzca al Samadhi o autoconocimiento.

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